El centro eres tú (no tu móvil)

octubre 11, 2015 Deja un comentario

VMovilamos a desarrollar una App para móviles, nuestra primera App.

Muchos pensareis: ¿tarde no? La verdad es que sí, que por una larga serie de motivos llegamos muy tarde a los móviles. Los que nos conocéis sabéis que esto es muy excepcional en nuestra trayectoria, más caracterizada por llegar más bien demasiado pronto. Pero ahora es un buen momento para llegar tarde, y esto es lo que quiero explicar.

Llevamos unas semanas sentando las bases de la arquitectura funcional y técnica de la nueva App. Discutiendo mucho. Y en el fondo de muchos debates está una cuestión que para mí es crucial. El centro de tu vida digital eres tú, no tu móvil.

Esto, que parece una obviedad, tiene muchas implicaciones. En pleno furor de la incorporación de los móviles inteligentes en nuestras vidas, ha sido fácil confundir la persona con su móvil. Ahora, tan tarde ya, es más fácil superar esa identificación.

Por eso discutimos de funciones y arquitecturas para nuestra nueva App. Ya no podemos hacer la revolución de hace cinco años, tenemos que hacer la de hoy. Y en la de hoy, repito, el centro eres tú. La movilidad que tenemos que resolver es la que te ocurre a ti, no a tu dispositivo móvil.

Es verdad, tu móvil te acompaña casi siempre, pero a veces no está contigo, a veces no lo puedes utilizar por cualquier motivo, a veces no es el mejor dispositivo para hacer lo que necesitas o quieres hacer, y a veces lo cambias por otro mejor. La revolución de hoy no es tener un dispositivo que te acompañe, sino la de tener una experiencia digital consistente allá donde estés, con el dispositivo que tengas más a mano o mejor se adapte a cada situación. Ese es el reto.

Y ese reto tiene tanto de nube como de móviles, o más. De la nube algo sabemos, y es por eso que, aunque suene paradójico, para nosotros es un buen momento para llegar tarde.

Perder información, del tipo que sea, por perder o cambiar de móvil, es como cuando perdías tus contactos porque se te estropeaba la SIM o cambiabas de operador. ¿Te acuerdas? Antiguo.

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Y después del capital riesgo, ¿qué?

noviembre 6, 2012 1 comentario

Capital riesgo“Five years”, como en la canción de Bowie, eso es lo que ha durado nuestra aventura con el capital riesgo en B-kin. Es el plazo de libro, al que hay que sumar los dos años previos de buscar y buscar posibles inversores, mientras se engordaba y repeinaba el business plan sin descanso. Era justo antes de que llegase por aquí la moda de los concursos de emprendedores en formato televisivo, y todavía era posible en algunos casos tener una reunión de una hora para contrastar tus experiencias y ambiciones con las experiencias y ambiciones del inversor profesional. Lo normal en un contexto de escasez de oferta y demanda.

Y un grupo de valientes nos lanzamos al proyecto. Todos valientes, promotores e inversores externos, aunque se aplique la clásica diferencia entre el cerdo y la gallina en el compromiso que cada uno tiene con un plato de huevos con jamón.

Pasado el tiempo de permanencia reglamentario de los cinco años, antes del verano pasado acordamos entre todos dar por finalizada la colaboración entre promotores e inversores, recomprando los primeros las participaciones de los segundos. “For an undisclosed amount”, como se suele decir en estos casos con cierto rubor. Esto es, por una suma ridícula, que oficializa el fracaso de todos en el proyecto. Un fracaso sin paliativos, completo, redondo, multilateral, de manual, casi perfecto. Un sueño para los románticos del capital riesgo en las pequeñas empresas tecnológicas, entendido como proceso de aprendizaje y maduración, individual y colectiva.

¿Y ahora qué? Para empezar seguir haciendo lo que venimos haciendo en los últimos años. Innovación anaeróbica, le podríamos llamar. Innovar en producto y en acceso al mercado en ausencia de oxígeno, casi en estado de asfixia, simplemente porque no lo puedes evitar y porque sigue siendo la mejor apuesta para sentar las bases del crecimiento. Improbable, como toda apuesta. ¿Financiación? Hay que echarle mucha imaginación. Pero no descartes nada. Hace muchos años leí en algún sitio que decía Borges que decía su padre que el mundo es un lugar tan extraño, que lo mismo hasta el Espíritu Santo existe. No lo descartes del todo. Seguimos trabajando.

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Operación Triunfo e innovación: ¡estamos en CRM Idol!

CRM IdolHace un par de meses recibíamos el aviso de nuestros amigos americanos (¡gracias a Rubén Vergara y a Jesús Hoyos!) de que Paul Greenberg estaba preparando algo en la línea de American Idol (Operación Triunfo, para los locales) para empresas de CRM  (esto es, herramientas software para la gestión de la relación con clientes).

La idea sería seleccionar un grupo de proveedores para ponerles al frente de un grupo de expertos internacionales, hacer amigos, asumir críticas y generar notoriedad, a poder ser de la buena. En definitiva, crear una plataforma de comunicación y oportunidad a nivel global para las muchas pequeñas y medianas empresas de base tecnológica que nos movemos en el área del CRM. El premio final es lo de menos, lo importante es el proceso.

El clásico esquema, básico pero eficaz: competitividad + innovación + premio. No se sabe cuál va primero, y en realidad no importa, pero tienen que estar los tres elementos para que la cosa funcione.

Así ha nacido CRM Idol (www.crmidol.com). Es casi seguro que sólo una persona en el mundo tiene la capacidad (además de la visión y las ganas) de poner en marcha algo así, y ese alguien es Paul Greenberg. Los aficionados a estas cosas del CRM le conoceréis por el ya clásico “CRM at the Speed of Light”. Paul ha conseguido en un tiempo record involucrar a todo el quién-es-quién del panorama internacional del CRM (consultores, formadores, analistas) para participar como jueces, asesores y mentores en el proceso de selección de participantes, finalistas y vencedores de esta la primera edición del CRM Idol. El nivel de primeras figuras impresiona.

Aún así, y a pesar de que vivimos tiempos difíciles para la lírica (¡por suerte en CRM Idol no gana quién mejor canta!), en B-kin nos animamos a presentar candidatura. Ya se sabe, lo importante es participar. Y por esas cosas misteriosas de estos procesos, y porque tenemos un buen CRM online y clientes que nos han recomendado (¡gracias!), hemos sido elegidos para participar en el CRM Idol 2011. ¡Bien! Ahí estamos, en http://www.crmidol.com/contestant/b-kin-market-interact.

Competimos con otras 19 empresas europeas para llegar a la final, en la que participarán tres. En América el proceso paralelo involucra a 40 proveedores. En total 60 empresas innovadoras en el ámbito del CRM con ganas de enseñar lo que hacen, y con ganas de crecer en un mercado global.

Siguiente hito: una presentación de una hora sobre nuestra empresa y nuestra oferta, con demo incluida, al panel de expertos que conforma el jurado. Entre ellos, Mr. Paul Greenberg, ahí es nada. Bonita oportunidad para revisar puntos fuertes y puntos débiles de nuestra propuesta. En el jurado hay hambre de Social CRM, eso seguro, y no ha sido nuestra prioridad hasta hoy, aunque vamos incorporando elementos poco a poco. Habrá que intentarlo por otro lado. Hay mucho CRM online para la Pyme, tampoco ese camino parece prometedor para llegar a la final. En aspectos de campañas de marketing, en personalización, en segmentación dinámica… hay puntos en los que vamos por delante del pelotón internacional y habrá que destacarlos.

No es lo mismo atender a las necesidades de nuestros clientes locales, que responder a las expectativas de innovación de los gurús del CRM a nivel mundial. La mayoría de las innovaciones vienen necesariamente de donde esto es lo mismo, o casi. Pero en B-kin sabemos que porque hacemos lo primero podemos intentar lo segundo, y porque intentamos lo segundo podemos hacer lo primero.

Así hemos entendido siempre la innovación. ¡Qué haya suerte!

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¡Que B-kin trajo el SaaS a Euskadi, chaval!

noviembre 18, 2010 1 comentario

B-kin 2002A los que vean el programa de televión “Vaya Semanita” en ETB la expresión les resultará familiar. Era lo que me venía a la cabeza mientras le escuchaba a Peter Coffee, de Salesforce.com, hablarnos sobre el Cloud Computing en la nueva biblioteca de Deusto el pasado día 26 de Octubre, en un evento organizado por la Fundación de la Innovación Bankinter y Deusto Business School.

Aunque me encante la expresión, ni yo creo estar en condiciones todavía de hacer el papel del jubilado criticón, todo se andará, ni Peter Coffee encaja en el papel del “chaval” al que haya que dar estas explicaciones. Primero, porque evidentemente le traen sin cuidado. Y segundo, porque su presentación rayó la perfección y no dejó mucho hueco para la crítica. Esto no fue desde luego una sorpresa. Llevamos años viendo presentaciones de directivos de Salesforce en YouTube (¡cada uno tiene sus aficiones!) y el material de soporte, el argumentario en defensa del Software-as-a-Service, siempre es de primer nivel. La construcción de la evolución histórica del SaaS o, más exactamente, de su inevitabilidad, resulta inapelable. Y ahora cuentan además con el inestimable apoyo de que la realidad lo confirma, cuestión menor en muchas presentaciones con objetivo comercial pero que, cuando ocurre, viene muy bien para reforzar la autoestima del orador.

El Sr. Coffee cumplió con otra tradición en los eventos  públicos de Salesforce: apenas mencionó el acrónimo CRM, esto es, el producto que realmente venden. En su origen, el CRM era completamente accesorio para el discurso comercial de Salesforce. Lo importante era la revolución que acarreaba su modo de distribución, el SaaS. Así, el principal factor diferencial se convertía en un elemento de comunicación más importante que el conjunto del producto/servicio, que se suponía de una calidad suficiente sin más explicaciones. Y la cosa funcionó. La marca “Salesforce.com”, tan anclada en la aplicación de fuerza de ventas, podría indicar que esta estrategia fue sobrevenida, como suelen ser casi todas. En cualquier caso, al final todo encaja y parece que la marca por sí sola ya describe el producto, o sea que podemos hablar de lo que queremos hablar: la revolución del SaaS, del “no software”.

Pero Salesforce, y el Sr. Coffee, no sólo no quieren hablar de CRM, concepto comoditizado mientras la empresa se desarrollaba. Ahora, desde hace un tiempo realmente, tampoco quieren hablar de SaaS. No quieren hablar de nada que no sea “plataforma”: Platform-as-a-Service en sus distintas variantes.  La apuesta es atractiva: Salesforce tiene el suficiente tirón como para ser creíble como plataforma de desarrollo de soluciones empresariales online, y una vez consolidado en esa posición, las barreras de entrada para otros son enormes y el potencial de crecimiento sobre cimientos muy sólidos enorme. Los riesgos tampoco son menores. Además de las gigantescas inversiones necesarias para jugar la liga de las “plataformas”, proceso en el que ya está inmerso en cualquier caso, entra de frente en la pelea por el “suelo” empresarial en Internet, donde los contendientes son como para echarse a temblar: Microsoft, Google, Amazon y, si algún día acaban de encontrar el camino, Oracle y SAP. Salesforce cuenta con sólo una ventaja: lo tiene más claro. No es poco.

Con la maestría característica de los buenos comunicadores norteamericanos, Peter Coffee nos llevó desde lo simple y evidente respecto al SaaS, casi sin darnos cuenta, a reflexiones sobre las plataformas empresariales online del futuro, reflexiones que contienen una gran complejidad y trascendencia y que, contadas por Salesforce, generan esa impresión tan difícil de fingir de que van llegando a ellas a través de la práctica en el mundo real.

Bueno, en “su” mundo real. Aquí más cerca vamos a seguir hablando de CRM y de crear valor para el cliente en situaciones que para Salesforce son residuales. Las plataformas tecnológicas, como servicio o no, nos vienen dadas, y no es poco “traerlas a Euskadi”.

¡Que B-kin trajo el SaaS a Euskadi, chaval! Al final, el “chaval” de la expresión desde luego no era Peter Coffee. Probablemente estaba pensando en gentes que no estaban en la sala, porque aún hoy es demasiado temprano para que descubran de qué va esto del Cloud Computing.

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Divertirse a la fuerza

octubre 20, 2010 1 comentario

The Economist: Down with fun

A menudo ocurre que tienes una idea o una opinión sin formar del todo y lees algo que la completa y la expresa de forma difícilmente superable por uno mismo. Yo creo que es sano mantener las opiniones, a media cocción, con posibilidad de evolucionar hacia conclusiones distintas en cualquier momento. Pero en este caso, el Economist me lo ha puesto difícil con un artículo sobre la diversión en el trabajo.  Si el título es llamativo, Down with fun, el subtítulo es todavía mucho mejor: The depressing vogue for having fun at work. Para los preocupados por la ciencia de divertirse en el trabajo, lectura obligada en http://www.economist.com/node/17035923.

Y es que, ¿no os deprime la diversión forzada? ¿Hay algo más triste que un grupo de gente haciendo risitas sin convicción empujados por el dinamizador o la cheerleader de turno, aparentemente bajo los efectos de una sobredosis de Red BulL de difícil contagio sólo por la vía del ruido? Bueno, sí que hay cosas más tristes, pero ésta llama la atención por lo prescindible que parece.

L a tradición del “tenemos que divertirnos como sea”, que ha alcanzado cotas espectaculares en el medio televisivo, comienza a adentrarse en el mundo de la empresa.  Y curiosamente lo hace con especial virulencia en el ámbito de las empresas relacionadas con Internet. Estas empresas cuentan por lo general con equipos de gente joven y cualificada, en puestos de trabajo y procesos de negocio relativamente abiertos y flexibles. Comparando con otros sectores parecería que tienen un gran potencial de diversión en el trabajo, sin necesidad de que nadie les empuje a ello. Y sin embargo se está implantando la función del animador corporativo oficial, y la necesidad, casi ansiedad, de crear la imagen de un ambiente de trabajo juguetón.

Esto, cuando es sincero y genuino, puede resultar maravilloso. Genera sensación de pertenencia, libera energía creativa, y la información fluye y se enriquece por caminos previstos e imprevistos.  Pero para que sea sincero debe ocurrir de abajo hacia arriba, bottom-up, debe ser espontáneo y, lo más importante, debe ocurrir en una atmósfera de responsabilidad individual y conciencia de proyecto común. Y si estamos en un ambiente de responsabilidad individual y existe una auténtica sensación de equipo y confianza mutua, si el reto profesional es importante y estamos entre gente abierta, curiosa e inteligente, ¿quién necesita que le diviertan? Nos divertimos solos, gracias.

Pero además de ese aire un tanto forzado de las acciones de diversión empresarial, resulta que la tendencia se ha convertido en un elemento esencial de las relaciones públicas de muchas empresas, que nos muestran encantadas su futbolín corporativo. Esto en principio puede resultar simpático y hasta estético. La sala de juegos da para algún comentario con las visitas que si no se limitarían al gris “éstos son nuestros ordenadores, y éste nuestro microondas.”  El problema viene cuando te encuentras con gente que se cree la literalidad del mensaje. Están convencidos de que Google se ha forjado en torno a una mesa de ping-pong y una PlayStation. Así de fácil. No he tenido la suerte de visitar el famoso Googleplex, pero sí he estado en Pixar. Y lo que vi confirmó mis sospechas. Mesas de billar y máquinas de juego sin gente, piscina y minigolf vacios, cafetería macrobiótica moribunda, y cubículos llenos de gente sobre mesas atiborradas de cosas, con pinta de no levantarse de allí ni para dormir. Y lo que es más grave, ¡parecía que se divertían!

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